Por alguna razón no le puedes quitar los ojos de encima. Dándole vueltas al bolígrafo, con la mirada perdida y pensado en cosas que no tienen nada que ver con la Física.
Tiene algo, algo que tú no consigues descifrar, que te atrae y te atrapa con un imán. Algo alto y moreno, el pelo por los hombros y su camiseta de Judas Priest.
Vuelves la cabeza hacia pizarra, procurando que nadie te vea con esa cara de embobada. Sonríes para tus adentros, intentando descubrir qué es lo que tanto te encanta de él.
Suspiras, y miras otra vez hacia atrás.
Para tu sorpresa, y por lo visto también para la suya, vuestras miradas se cruzan. Tu corazón da un vuelco, tu estómago decide hacer puenting sin cuerda y la respiración se corta unos instantes. Unos largos instantes. Sus ojos, oscuros, grandes y profundos, parecen lanzar dagas ardientes. Que te queman placenteramente por dentro.
Apartas la mirada rápidamente, deseando que no pueda leer tu pensamiento. Pero sonríes, y te quedas ahí con cara de gilipollas. Le das vueltas a lo que acaba de suceder. Parece mentira lo complicado que puede resultar un momento tan cotidiano como un cruce de miradas.
Pero ahora que lo piensas, parecía estar sonriendo cuando te ha mirado.
Cuando has mirado, él te estaba mirando antes.
Hostia.
¿Puede ser?
No.
Solo porque te mire no quiere decir que le gustes. Todo el mundo mira a todo el mundo.
Pero el estaba sonriendo.
¿O no?
Ni idea.
Dios, dios, dios.
De todas formas, es mejor no comerse la cabeza con estas cosas.
Pero, ¿y si le gustas?
Ya estás haciéndote ilusiones falsas, como siempre.
Puede que no sean falsas.
Cállate.
De todas formas, parece que las clases de Física van a ser bastante más interesantes a partir de ahora.
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